La nueva gran velocista del atletismo de EEUU, Allyson Felix, pone su fe en Jesús como motor ético y deportivo

NUEVA YORK, Allyson Felix, la nueva Marion Jones del atletismo estadounidense, después de un viaje de 90 millas (145 kilómetros) hacia el interior de California a través de un desierto de cañones, hasta la Sunrise Church (Iglesia del Amanecer), tomó un micrófono y habló diciendo: "Crecí en la escuela dominical y enseguida comprendí que era una pecadora y que sólo Jesucristo podía salvarme". "Crecí y creció en mí la fe. Mi éxito no es mío, es un don del Señor".

Terminadas sus palabras, el auditorio, varios cientos de personas en mesas redondas para celebrar el día del desayuno padre-hija, dijo un sonoro amén. Después subió Paul Felix, su padre, pastor evangélico itinerante y profesor de Nuevo Testamento, presidente de la Escuela de Enseñanzas Bíblicas de Los Ángeles, California y afirmó ante todos que estaba orgulloso de su hija no porque haya triunfado en el atletismo, sino por su relación con el Señor, y que sin eso, sus medallas no valdrían nada. Su hija, Allyson Felix, de 22 años, es doble campeona del mundo de 200 metros y medallista de oro, además de lograr en Osaka el primer lugar como parte del equipo de los relevos 4x100 y 4x400.

Su objetivo en los Juegos Olímpicos de Pekín es enorme: lograr cuatro medallas, cuatro oros, en 100 y en 200 metros, y en los relevos; convertirse en la nueva reina del atletismo mundial, como lo fue hace ocho años, Marion Jones.
Jones, que purga en la cárcel una pena de seis meses por perjurio, y a quien se le han retirado las medallas olímpicas por dopaje, sembró en ella al comienzo de su carrera deportiva la semilla de la emulación: ahora sólo despierta desilusión en Felix.

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